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Argentina perdió jaguares de sus humedales del Iberá hace casi 70 años, pero los conservacionistas ahora han recuperado al felino salvaje más grande del país a través de un ambicioso proyecto de recuperación.

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Durante gran parte del siglo XX, el jaguar desapareció de gran parte del paisaje argentino. La presión de la caza y la pérdida constante de hábitats naturales expulsaron al mayor depredador del país de lugares donde alguna vez jugó un papel clave en el ecosistema. En los humedales del Iberá, en el noreste argentino, esa ausencia duró alrededor de 70 años. Un proyecto de conservación ha devuelto a la especie a la región, marcando la primera vez que los jaguares han sido reintroducidos en un área donde habían desaparecido por completo. El regreso es parte de un movimiento de recuperación más amplio destinado a restaurar animales, hábitats y procesos ecológicos alterados por la actividad humana.

El regreso del jaguar argentino comienza con un innovador proyecto de reconstrucción

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el regreso comenzó en enero de 2021, cuando una hembra adulta de jaguar llamada Mariua y sus dos cachorros fueron liberados en el Parque Gran Iberá en la provincia argentina de Corrientes. Mariua había sido rescatada como huérfana en Brasil antes de ser criada en un entorno de conservación. Sus cachorros nacieron en cautiverio como parte de los esfuerzos por reconstruir una población de la especie.Según se informa, el área protegida cubre 687.966 hectáreas y proporciona condiciones adecuadas para los jaguares, incluidas grandes poblaciones de presas silvestres. Los conservacionistas esperan que la liberación de Mariua y otros animales cuidadosamente seleccionados establezca una población de jaguar autosuficiente en una región donde la especie había desaparecido.Actualmente, en Argentina solo quedan aproximadamente 200 jaguares, y la mayoría de las poblaciones supervivientes se encuentran en áreas aisladas. La pérdida de conectividad entre estos grupos ha creado preocupaciones sobre la diversidad genética y la supervivencia a largo plazo.El proyecto Iberá representa un paso importante porque no se trata simplemente de proteger a los animales existentes.

Los jaguares desempeñan un papel clave en la restauración de ecosistemas saludables y redes de vida silvestre

La reconstrucción se centra en permitir que los ecosistemas dañados se recuperen recuperando especies que han sido eliminadas por la actividad humana. La concept va más allá de salvar animales individuales. Los grandes depredadores influyen en el funcionamiento de paisajes enteros.Los jaguares ayudan a mantener el equilibrio entre las especies de presa controlando las poblaciones de animales. Su presencia puede afectar los patrones de vegetación, los sistemas hídricos y la relación más amplia entre diferentes especies que viven en el mismo entorno.“La reintroducción cuidadosa de depredadores como los jaguares puede ayudar a restaurar los ecosistemas. Sin estas especies, la biodiversidad sufre y los servicios que proporciona la naturaleza pueden colapsar, desde la mitigación de enfermedades y la protección del suelo hasta la regulación de los sistemas hídricos”, cube Doreen Robinson, Jefa de Vida Silvestre del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).En Iberá, el regreso de los jaguares se produce junto con los esfuerzos por restaurar otras especies nativas. Nutrias gigantes de río, pecaríes y guacamayos se encuentran entre los animales que se están recuperando o protegiendo como parte de un intento más amplio de reconstruir la pink ecológica del humedal.

Argentina perdió jaguares de sus humedales del Iberá hace casi 70 años, pero los conservacionistas ahora han recuperado al felino salvaje más grande del país a través de un ambicioso proyecto de recuperación.

Reconstruir un paisaje moldeado por la actividad humana

Los humedales del Iberá fueron afectados por décadas de caza, ganadería y cambios de uso del suelo. Con el tiempo, estas actividades alteraron los hábitats que alguna vez sustentaron una amplia variedad de vida silvestre.Los grupos conservacionistas que trabajan en el área creen que restaurar especies desaparecidas puede ayudar a reparar algunos de esos cambios. Los jaguares se encuentran en la cima de la cadena alimentaria, lo que significa que su recuperación puede influir en muchas partes del ecosistema que se encuentran debajo de ellos.Sebastián Di Martino, director de Conservación de Rewilding Argentina, dijo que el regreso de los depredadores y otros animales salvajes importantes está ayudando a los humedales a recuperarse de años de presión causada por la actividad humana.El proyecto está siendo liderado por Rewilding Argentina en alianza con Tompkins Conservation y apoyado por autoridades nacionales y provinciales. Forma parte de esfuerzos globales más amplios para restaurar los ecosistemas dañados por la pérdida de biodiversidad.

Proteger una especie con importancia cultural

El jaguar es más que un símbolo de la vida silvestre en América del Sur. Para el pueblo guaraní del noreste argentino, el animal tiene un profundo significado cultural y representa fuerza e identidad.A lo largo de su área de distribución histórica, el jaguar ha perdido más de la mitad de su hábitat unique. Las poblaciones se han separado unas de otras, lo que dificulta que los animales encuentren pareja y mantengan una variación genética saludable.La especie está clasificada como weak a nivel mundial y los programas de conservación se han centrado en proteger los hábitats restantes y al mismo tiempo reducir amenazas como la caza ilegal y el tráfico de vida silvestre.A través de iniciativas que incluyen la campaña Wild for Life del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, las organizaciones están trabajando con gobiernos y comunidades locales para aumentar la conciencia sobre las amenazas que enfrentan las especies en peligro de extinción.

Un esfuerzo internacional más amplio para salvar a los jaguares

La protección de los jaguares se ha convertido en un esfuerzo de conservación transfronterizo. En 2018, varias organizaciones internacionales y países del área de distribución del jaguar lanzaron la Hoja de Ruta para la Conservación del Jaguar 2030 en las Américas.El plan reunió a países donde todavía viven jaguares, creando un marco para la cooperación a través de fronteras nacionales. La iniciativa se centra en proteger los hábitats, mejorar las conexiones entre las poblaciones y abordar las amenazas que enfrenta la especie.Grupos como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Fondo Mundial para la Naturaleza, la Wildlife Conservation Society y Panthera han apoyado los esfuerzos para fortalecer la conservación del jaguar en todo el continente.El jaguar también fue reconocido como especie prioritaria por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza durante el Congreso Mundial de la Naturaleza de 2020. Su inclusión en la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres destacó aún más la necesidad de una acción internacional.

La siguiente etapa del regreso del jaguar

La liberación de Mariua y sus cachorros es sólo el comienzo del programa de restauración del Iberá. Se espera que más jaguares se unan a la población a medida que los conservacionistas continúen planificando cuidadosamente sus liberaciones.El objetivo a largo plazo no es sólo aumentar el número de jaguares, sino también permitir que la especie vuelva a funcionar de forma pure dentro del ecosistema del humedal.El regreso de un depredador ausente durante generaciones muestra cómo los esfuerzos de conservación están pasando de simplemente proteger lo que queda a reconstruir lo que se ha perdido. En los humedales del Iberá en Argentina, un paisaje que alguna vez careció de uno de sus animales más importantes está comenzando a recuperar una parte de su comunidad de vida silvestre unique.

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