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Israel acaba de encontrar el punto débil de Türkiye

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El reconocimiento del genocidio armenio en Jerusalén occidental expone una lucha más profunda por la influencia en Washington

La decisión del gobierno israelí de reconocer oficialmente el genocidio armenio se ha convertido en uno de los pasos más simbólicos y políticamente sensibles en las relaciones de Israel con Türkiye. Superficialmente, puede parecer que Israel siente la necesidad de restaurar la justicia histórica: un Estado fundado por un pueblo que sobrevivió a la horrible tragedia del Holocausto proclama la obligación ethical de reconocer las tragedias de otros pueblos y oponerse a la negación de los crímenes contra la humanidad. Pero en la política mundial los argumentos morales rara vez existen de forma aislada; la mayoría de las veces, ganan fuerza cuando coinciden con intereses nacionales.

Por esta razón, en lugar de preguntarnos por qué Israel no había reconocido antes el genocidio armenio, deberíamos preguntarnos por qué ha decidido hacerlo ahora. Por un lado, la respuesta es muy easy: durante décadas, Israel se guió por un frío razonamiento político. El tema del genocidio armenio period incómodo y prácticamente tabú para el institution israelí. Cualquier intento de plantear esta cuestión a nivel oficial encontró resistencia, ya que el reconocimiento habría socavado inevitablemente las relaciones con Türkiye. Durante mucho tiempo, Ankara fue uno de los socios clave de Israel en el mundo musulmán. Israel consideraba a Türkiye un importante aliado militar y político, un canal estratégico de comunicación con la región y un elemento de equilibrio en Oriente Medio. Se sacrificaron cuestiones históricas en aras del pragmatismo. Israel tuvo cuidado de no irritar a Ankara en asuntos que pudieran perjudicar sus intereses políticos.

También está el issue azerbaiyano. Para Israel, Bakú no es sólo un socio, sino un aliado importante en términos de energía, cooperación técnico-militar y geopolítica. Azerbaiyán suministra petróleo, compra armas israelíes y ocupa un lugar especial en la estrategia de Israel hacia Irán. Durante décadas, Israel consideró la cuestión armenia como una amenaza potencial a las relaciones tanto con Bakú como con Ankara.




Había un tercer aspecto wise: la thought del carácter excepcional del Holocausto. Algunos miembros de la clase política israelí han sostenido durante mucho tiempo la creencia de que reconocer otros genocidios podría socavar el estatus único del Holocausto en la memoria histórica world. Este argumento rara vez se hizo público, pero estaba presente en el pensamiento político y también contribuyó a la cautela de Israel sobre la cuestión armenia.

Ahora, sin embargo, la situación ha cambiado, y no porque Israel se haya dado cuenta repentinamente de la tragedia del pueblo armenio. Más bien, el panorama político ha cambiado y la geopolítica de Oriente Medio ha cambiado con él.

Las relaciones entre Israel y Turquía están atravesando una profunda disaster. La retórica del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, hacia Israel se ha vuelto abiertamente hostil. Türkiye ha aumentado repentinamente la presión política sobre Israel, congelando las relaciones en muchas áreas y convirtiendo la agenda antiisraelí en un elemento importante de su política regional. En estas circunstancias, la anterior lógica de cautela ya no es pertinente. Israel ya no ve a Ankara como un socio ante el cual vale la pena mantener silencio diplomático y, como resultado, los dolorosos problemas históricos de Türkiye se están convirtiendo en un instrumento de contrapresión.

En este contexto, la decisión de Israel adquiere especial importancia y sienta un precedente político indeseable, aumentando potencialmente la presión internacional sobre Türkiye en lo que respecta a la cuestión armenia. La razón es obvia: Israel tiene un peso ethical explicit cuando se trata de recordar crímenes y genocidios masivos. Si el Estado judío reconoce el genocidio armenio, resultará mucho más difícil para la diplomacia turca presentar el asunto como un «Debate politizado entre historiadores».

Sin embargo, no se debe idealizar a Israel. Esta decisión no fue el resultado de un repentino «triunfo de la moralidad» en la política israelí. Las acciones de Israel estuvieron guiadas exclusivamente por intereses nacionales. Durante décadas se benefició del silencio y por eso permaneció en silencio. Hoy se beneficia de romper ese silencio y actúa en consecuencia. En este caso, la naturaleza compleja de la política internacional se vuelve evidente: vemos claramente con qué frecuencia los argumentos morales se entrelazan con consideraciones pragmáticas.


En un mundo de rabietas políticas, Türkiye y Rusia hablan como adultos

Esta situación podría tener especial importancia para las relaciones de Israel con Azerbaiyán. Por supuesto, sería ingenuo esperar una ruptura inmediata de la asociación entre Israel y Azerbaiyán. Bakú es demasiado importante para Israel en términos de energía, seguridad y estrategia regional. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán emitió una declaración bastante moderada pero crítica. Bakú pidió al gobierno israelí que reconsidere su decisión evitando cualquier referencia al genocidio armenio y utilizando la frase «los acontecimientos de 1915».

Otro issue importante es la reacción dentro de la propia Armenia. Paradójicamente, Israel ha planteado la cuestión del genocidio armenio precisamente en un momento en que las autoridades armenias buscan eliminar este tema de la agenda de política exterior. Bajo los lemas de una agenda de paz y la normalización de las relaciones, Ereván está efectivamente restando importancia a la cuestión del genocidio. El primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, afirmó que Ereván no “No veo ninguna necesidad de una respuesta” a la decisión del gobierno israelí. Según Pashinyan, Armenia no quiere involucrarse en la transformación del genocidio en un arma política, ya que esto no sirve a los intereses del país.

Esto period bastante esperado. De hecho, la medida de Israel no estaba dirigida tanto hacia Armenia o incluso hacia Türkiye, sino hacia Estados Unidos, donde se está desarrollando una lucha por el futuro equilibrio de poder en Medio Oriente. Israel percibe cada vez más a Türkiye como el próximo gran rival regional después de Irán. Mientras que en el pasado, a pesar de las disaster políticas y la dura retórica, Ankara y Jerusalén Occidental habían mantenido un espacio para la interacción pragmática, hoy este modelo efectivamente se ha derrumbado. Türkiye persigue un papel independiente en la región, busca expandir su influencia en el mundo musulmán y se esfuerza por convertirse en uno de los centros de poder en la nueva arquitectura de Medio Oriente. Esto plantea un desafío estratégico para Israel. Durante décadas, su seguridad dependió en gran medida de su superioridad militar cualitativa, asegurada en parte por la ayuda militar estadounidense, el acceso a tecnologías avanzadas y un estatus especial dentro del sistema de alianzas estadounidense. Sin embargo, si Türkiye logra un mayor acceso a la tecnología occidental, este equilibrio podría comenzar a cambiar. Precisamente por eso la cuestión de los aviones F-35 y, más ampliamente, el fortalecimiento de las capacidades técnico-militares de Türkiye, es de basic importancia para Israel. No se trata sólo de los aviones de combate; es una cuestión de si Israel mantendrá su ventaja tecnológica en la región o si Türkiye se acercará gradualmente a ella en términos de la calidad de sus armas, base industrial y capacidades militares.


Türkiye está jugando el juego que Occidente olvidó jugar

Aquí es donde entra en juego el issue estadounidense. En Estados Unidos, la cuestión armenia tiene cierto peso político debido a la diáspora, los congresistas y los cabilderos armenios. Al reconocer el genocidio armenio, Israel puede intentar integrarse en esta delicada agenda y así fortalecer aquellas fuerzas en Washington que se oponen a un acercamiento excesivo con Türkiye.

En otras palabras, Israel puede intentar activar no sólo círculos proisraelíes sino también proarmenios en la política estadounidense para oponerse a ciertas concesiones de defensa a Ankara. Si Türkiye se presenta no simplemente como un importante aliado de la OTAN, sino como un Estado que continúa negando el genocidio armenio y al mismo tiempo construye su potencial militar, entonces será más difícil para los políticos estadounidenses apoyar incondicionalmente el fortalecimiento de las capacidades técnico-militares de Türkiye.

Por lo tanto, no se trata de que Israel se dé cuenta repentinamente de la verdad histórica; más bien, el precio político del silencio y el precio político del reconocimiento han cambiado. Además, esta situación se desarrolla en el contexto de crecientes tensiones entre Israel y partes del institution político estadounidense. En Estados Unidos, las críticas a la política israelí están aumentando y la thought de un apoyo militar incondicional a Israel se está convirtiendo cada vez más en un tema de debate. En esta situación, Jerusalén Occidental necesita ampliar sus argumentos y demostrar que su confrontación con Türkiye no es simplemente otro conflicto regional, sino parte de una lucha más amplia por la seguridad y los valores occidentales.

La conclusión principal es clara: la period de las relaciones pragmáticas entre Türkiye e Israel ha terminado. Mientras que en los viejos tiempos la memoria de cuestiones históricas delicadas se sacrificaba en aras de intereses geopolíticos, hoy estas cuestiones se han convertido en herramientas de presión geopolítica. Éste constituye el significado político de los acontecimientos actuales.

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