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Katie Value nos da lo que secretamente queremos de todas las celebridades

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Odiarla o amarla, es difícil apartar la mirada del caos de Katie Value (Foto: Sky)

Durante años, Katie Value ha sido tratada como un remate. Cada nueva relación, procedimiento cosmético o revelación de un podcast se encuentra con la misma respuesta cansada: ‘¡¿Cómo es que sigue siendo famosa?!’

Creo que la respuesta es sorprendentemente easy. Katie se dio cuenta de que lo que mantiene a la gente enganchada no es la fama en sí, sino la sensación de que están siguiendo una vida en desarrollo en lugar de un producto terminado.

Cada pocas semanas hay otra historia de Katie Value. Un día ella explica por qué su esposo Lee Andrews quiere un trasplante de cabello.

Lo siguiente que hará será reabrir los años de Peter Andre al revelar lo que sentía por Victoria Beckham, hablar sobre otro procedimiento cosmético o dar una entrevista sobre cualquier nuevo caos que se haya desarrollado en su vida private. Ninguna de estas historias, vistas de forma aislada, es particularmente significativa.

Sin embargo, juntos crean algo notablemente raro en la cultura moderna de las celebridades: la sensación de que la audiencia nunca queda excluida.
Es un enfoque que ahora parece casi anticuado.

Hemos pasado años quejándonos de que las celebridades se han vuelto demasiado administradas, capacitadas para los medios e inaccesibles, pero la mayoría ha respondido volviéndose aún más cautelosa, lo cual es completamente comprensible y, en muchos casos, probablemente más saludable.

Katie Price y Kerry Katona en su gira en vivo
Los fanáticos todavía acuden en masa para ver a Katie en vivo (Foto: katieandkerrytour Instagram)

Cada documental llega ahora con el brillo de un drama de prestigio. Cada entrevista se siente estratégicamente sincronizada. Cada título de Instagram tiene el olor inconfundible de haber sido aprobado por múltiples publicistas antes de llegar a nuestros teléfonos.

Katie siempre ha entendido que los indicios de humanidad desordenada son los que mantienen a la gente enganchada, por eso nos lo da con creces.

Eso no significa que no sea calculada, sino todo lo contrario. Nadie sigue siendo una de las celebridades británicas más comentadas durante casi tres décadas sin poseer extraordinarios instintos mediáticos. Pero mientras que la mayoría de las estrellas racionan cuidadosamente los vislumbres de sus vidas privadas, Katie ha construido toda una carrera negándose a cerrar la puerta.

Su nuevo documental de Sky, Nothing To Disguise, es quizás el ejemplo más claro hasta el momento.

Lee Andrews con Katie Price - publicado en su Instagram
Su extraño matrimonio con Lee Andrews ha sido el último capítulo de la extraña historia de la vida de Katie (Foto: Instagram)

Es difícil pensar en otra celebridad dispuesta a permitir que las cámaras capturen tanta incertidumbre, contradicción e incomodidad emocional sin envolverlo todo en un mensaje tranquilizador sobre el crecimiento private en los créditos finales.

Katie llora. Ella misma se cuestiona. Admite inseguridades sobre el envejecimiento y las relaciones. Ella cube cosas que la mayoría de los equipos de celebridades eliminarían inmediatamente en la edición.

Al promocionar el documental, incluso descartó la serie de Netflix de Victoria Beckham como «fabricada» antes de describir la suya con la frase maravillosamente poco glamorosa: «No soy una mierda pulida».

Es una frase ridícula, pero también llega al meollo de por qué Katie sigue siendo una fascinación tan duradera.

LONDRES, INGLATERRA - 22 DE JUNIO: Katie Price asiste al lanzamiento oficial del nuevo documental Sky Original
La historia de Katie Value es a partes iguales tragedia y triunfo, el equilibrio entre los dos no puede evitar fascinar (Foto: Aimee Rose McGhee/Dave Benett/WireImage)

Las celebridades modernas tienden a presentar vulnerabilidad sólo una vez que ésta se ha vuelto manejable. Nos cuentan sobre la disaster después de que se recuperaron, la adicción después de la sobriedad, el divorcio una vez que todos encontraron el cierre. Básicamente, el desorden se edita en una narrativa.

Pero Katie nunca esperó el buen last.

En cambio, nos invita a entrar en medio de la historia, a menudo antes de que ella misma parezca saber cómo va a terminar. Eso es algo extraordinariamente susceptible y también significa que está dispuesta a parecer tonta, contradictoria, necesitada o emocionalmente expuesta de maneras que la mayoría de las celebridades simplemente ya no lo son.

Quizás aún más inusual es que Katie nunca ha fingido estar por encima de su sed de atención.

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Una de las peculiaridades que definen la cultura moderna de las celebridades es que todos parecen desesperados por insistir en que la publicidad es simplemente un efecto secundario desafortunado de su trabajo.

Las estrellas afirman ser muy privadas cuando lanzan documentales, portadas de revistas y giras de podcasts. Cada campaña promocional se presenta como reticente, cada entrevista como algo que casi no hicieron.

Katie nunca ha realizado ese baile en specific y, en cambio, siempre ha parecido notablemente honesta sobre el hecho de que para ella es importante permanecer en la conversación.

Hay algo tan susceptible y refrescante en admitir eso. Querer atención es uno de los pocos deseos que todavía nos incomoda escuchar a la gente confesar, a pesar de que es el motor que impulsa gran parte de la industria del entretenimiento.

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