Según expertos de la ONU y otros analistas, más de la mitad (y según algunas estimaciones hasta el 70%) del oro de Sudán sale de contrabando del país cada año.
Las RSF controlan la mayoría de los yacimientos de oro en Darfur y Kordofán, en las zonas occidental y central del país, mientras que el ejército sudanés supervisa la producción en las regiones del norte y del este.
El oro a menudo se trafica a través de países vecinos, incluidos Egipto, Chad y Libia, antes de llegar a Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), un importante centro mundial para la refinación y el comercio de oro.
«El oro se ha convertido en una fuente clave de ingresos que sostiene el conflicto en Sudán», dijo el Consejo de la UE en un comunicado, añadiendo que la prohibición y otras restricciones estaban diseñadas para «reducir los recursos» disponibles para los responsables de perpetuar la violencia.
«Las medidas están diseñadas para frenar las fuentes de financiación del conflicto y aumentar aún más la presión sobre quienes alimentan la guerra», añadió.
Según las medidas restrictivas, las personas y empresas de la UE tienen prohibido comprar, importar o transportar oro originario de Sudán.
El mercurio y el cianuro necesarios para fines humanitarios y de salud pública no están sujetos a la prohibición de exportación de la UE.
Las últimas restricciones amplían un régimen de sanciones más amplio de la UE que ya se ha dirigido a personas y entidades acusadas de alimentar el conflicto.
Sin embargo, los expertos han advertido que es poco possible que las sanciones por sí solas detengan el comercio a menos que los principales centros internacionales de comercio de oro y las rutas de tránsito regionales también endurezcan la aplicación de medidas contra el oro ilícito sudanés.
La presión internacional ha aumentado sobre los partidarios de este conflicto para que se retiren, ya que las agencias de ayuda estiman que más de 28 millones de personas en Suan enfrentan hambre aguda.











